Mi historia personal

Manos que trabajan, cabello al viento. Así es como me siento bien.

La naturaleza, mi hogar. Los animales, mis aliados para visualizar e incorporar a la vida moderna lo verdaderamente femenino y masculino que caracteriza(-ba) al hombre prehistórico.

Caballos salvajes, gauchos, aventura, ser. Ser único.

"Así no se hace!". "No deberías!". Dos frases con las que nunca me pude amigar. Ya de pequeña, cuando alguien insistía en decirme cómo hacer algo, seguramente lo hacía de manera diferente. Eso marcó el camino de mi vida. Siempre quise averiguar todo por mí misma. Mi camino se construyó sobre éxitos y fracasos, y algún que otro "naufragio".

Desde que tengo memoria, soñaba con montar caballos salvajes. Esa siempre fue mi meta: mientras me recibía de maestra y profesora de educación física, mientras me mantenía a flote con changas y trabajos de periodismo. Poco me marcó lo que estudié, en cambio lo que los caballos me contaron sobre la vida dejó profundad huellas en mi corazón.

Me peleé con las reglas y con la supuesta seguridad en la que se desarrollaba la vida de la gente. No me identificaba con el consumo excesivo y el lujo, y no entendía por qué los seres humanos se empecinaban en complicar las cosas sencillas. Me preguntaba por qué la gente se siente segura en las casas y tiene miedo en los bosques. Por qué los animales y la naturaleza eran tan ajenos a ellos y las ciudades tan cercanas. Por qué hay tanto discurso y ten poco oído. Luché con el ruido, el smog y las máquinas. Me sentí inmersa en el siglo equivocado.

Sentía diferente.

Quería estar libre de todas estas cosas e imposiciones que me parecían innecesarias.

La primera vez que pude experimentar esa libertad fue cuando después de graduarme, cargué mis dos primeros caballos – que había rescatado del frigorífico - y cabalgué a España. Fue una bendición no conocer los desafíos que cada día traería, no saber de antemano donde dormiríamos o donde encontraríamos comida. No fue precisamente un paseo, pero eso era irrelevante. Me sentí plenamente humana por primera vez. Todo lo innecesario se había desvanecido.

Instalé un pequeño emprendimiento de equitación en los Pirineos españoles y adquirí experiencia con muchos caballos, especialmente sobre cómo querían ser montados. Mi idea era aprender español allí, para luego ir a conocer el mundo de los gauchos y los caballos salvajes de  Argentina. Estuve en España durante cinco años antes de entrar al mundo de los gauchos. En este mundo masculino machista, me afirmé adiestrando caballos en el sentido natural, y finalmente pude trabajar con los  caballos salvajes, con los que siempre había soñado.

Los gauchos y los caballos salvajes me moldearon mucho. Nos une, que despreciamos las cosas innecesarias. Aprendí a mirar y a aceptar los ciclos de la vida y de la muerte, lo que a su vez trae vida. No estoy de acuerdo con la forma en que muchos gauchos tratan a los caballos, pero he estado con ellos el tiempo suficiente para comprender su punto de vista, su ignorancia y sus necesidades. Me enseñaron mucho sobre mi personalidad, el trato con personas y la comunicación interpersonal sin palabras. Pronto me di cuenta de que si no quería terminar excluida del mundo de esos hombres, tenía que dejar de intentar representar. Entonces, la energía femenina comenzó expandirse lentamente en mí, reconocí su significado y su fuerza: las características de la yegua líder de la que siempre había hablado, pero que hasta ese momento no había sentido en carne propia.

 

A pesar de mis experiencias con los gauchos y meses enteros de cabalgata, tardé años en llegar a lo que hoy sé. Regresé de España a Suiza montada, abrí una escuela de equitación y perdí totalmente mi foco. Rodeé Suiza en una cabalgata de 100 días, para llegar a la conclusión de que esta era una historia puramente egoísta que no me hacía bien, sensación que se fue reconfirmando luego de cada una de las siguientes aventuras a caballo.

padrillo.jpg

Tantas veces me dijeron: "Qué valiente sos!" que me lo creí, me veía a mí misma como una mujer fuerte y aventurera. Di conferencias y seminarios de liderazgo y ningún caballo era demasiado salvaje para mí. Pero en mi interior, se  comenzaba a manifestar algo que pedía ser tenido en cuenta: mi gran sensibilidad. Me llevó mucho tiempo lograr un equilibrio entre mis habilidades perceptivas lo que yo hasta entonces consideraba mis fortalezas. Fue un tiempo de luchas internas e intentos frustrado de ser una “persona normal”. Hasta que pude definir que lo “normal” para mí era “ser diferente”.

1380030_596227500413377_467054774_n_edit

Amo lo salvaje y lo puro, lo que es prístino, lo que conmueve.

 

Hoy vivo lo mejor que puedo "la esencia humana". Ser uno con la naturaleza, percibir y vivir la confianza y la fuerza ancestrales es importante para mí. Armonía entre fortaleza y ​​sensibilidad, entre lo masculino y lo femenino. El arte de ser uno mismo, fuera del alcance los clichés modernos, es una situación en la que todos sacan provecho - las personas, los animales y la naturaleza.

 

Los animales que más aprecio son los caballos, quienes al reconocer su origen, pueden llevar adelante su misión.

 

11025662_1018816391480198_63084712983321

Encontrás más información sobre mi desempeño en los documentales y en el libro "Entre dos mundos" que está pronto a ser editado.